domingo, 29 de abril de 2007

SUMERSIONES


Sólo puede regresar
quien como caminante
lleva la carga de la caminata
hacia allá;
hacia el origen.

F. Hölderlin.




SUMERSIONES

A SABIENDAS De encontrármela algún día
frente a frente,
he de permanecer
en mi impasible viaje tras la búsqueda
de Ella.

Subido en mi desnudo tronco,
aherrojado a mi instinto e intento de
pese a la bruma
abrazar la eternidad.

Y habré de navegar tardes sin fin
con la sola brújula de mi ensoñación.
Y he de andar
vuelto atrás del impuesto
apremio de mis obsesiones, con mi remota escena
y mi perpetuo estigma,
sin Nausica ni Helena,
ni Laura ni Beatriz.
Y habré de deambular entre muchos
ahogados, ido a vararme
hasta golpear los ventisqueros
con el alma a punto de desfallecer.

Náufrago extraviado me veré
expelido a estas remotas aguas sin fondo ni orillas,
sin barquero ni barca disponible
para poder seguir.

Honduras humanas en las que seré
solamente un cuerpo en constante introspección.
Detrás del horizonte ansiado, un tembloroso
cuerpo amoratado, desnudo haciendo señas,
el que por intermedio de este mar de signos
descritos con nostalgia, aún pese al vacío,
pueda asir su aliento
ante las gravitaciones de los astros
rasgándose la piel.

Ante la carne amada como un sol.
Irradiando mundo, allende las estrellas idas,
siendo mi aire vagoroso durante el acto
intenso el mismísimo corazón
de un brasero ignívomo.

Un convulso fuego
Dándonos su aliento.


CARTA AL Dr. PEÑA Y LILLO

METONÍMICO Mi ser
desesperado
rasguña estas palabras.
Las vierte
a la entrañable fosa del delirio.
Las engulle con la voracidad con que el
obseso de melancolía se nutre de sombras,
de laberinto y viajes.

Mi ser, mientras la fiebre arrecia y
el abismo se expande,
ejecuta su oratoria más allá de los límites
de estancia en su ancestral caverna.

Con su fogón al fondo, mientras
al mar de sangre torrentosa echa su embarcación,
con los tripulantes ciegos, mi ser, restablece su carne
viva como un Lázaro que vuelve de su afasia a un
Grito aun mayor que aquel de Edward Munch.

Ebrio y desbandado,
al borde del hospicio en que los extraviados sueños
pernoctan y tiritan de frío, mi ser
carga toda su enfermedad de Mundo
y lanza su pedrada estrepitosa con la laringe
al rojo como quien aventa hechizos,
maldiciones
o relámpagos.

Luego, auscultando y atisbando apariciones
en el desierto íntimo.
Asido a sus fármacos y placebos,
mi ser,
extenuado y taciturno, vuelve
con todo su hemisferio y sus engendros
hecho trizas al vacío;
A la ausencia;
A una mudez mayor.


PROPIO TEMPORAL

HE AQUÍ QUE Me despierto.

Como a dos izquierdos pies
de mi sitio,
enteramente abrupto me levanto,
mojando a cuatro manos
mi Vallejo rostro de
pregunta sin respuestas.

He aquí que entonces me despierto y
sin más tormenta que mis propios ojos
me desplazo por todo atardecer.
Dirigiendo ambigua la mirada
hacia aquellas zonas anegadas en el alma,
adonde alguien se viene hasta mi juicio
a convidarme su frío personal.

Como un viejo amigo, me levanto y parto
observando como,
su abultada espalda
se hace tan temprano diminuta;
perdiéndose a lo lejos,
Nocturno
en mi propio
Temporal.